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Apertura del catolicismo a las uniones homosexuales

La Iglesia Católica Apostólica Romana sigue teniendo claro –señala el documento de 58 puntos presentado por el cardenal húngaro Péter Erdö— que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer”, pero también destaca: “Las personas homosexuales tienen que ser respetadas, como es respetada la dignidad de toda persona independientemente de su tendencia sexual”. 

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El papa Francisco había preguntado a los periodistas, durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, y es evidente que resultó un llamado hacia los teólogos del clero acerca de la tolerancia, y la inclusión de quienes, creyendo en Dios, se sienten marginados por su Iglesia.
Es el caso también de muchas parejas que, por unos motivos u otros, no han pasado por la vicaría y de los divorciados vueltos a casar. 
Una parte importante de las intervenciones del Sínodo en curso en el Vaticano se están enfocando a la necesidad de “opciones pastorales valientes” para atender a “las familias en situaciones difíciles”. 
En el documento mencionado se afirma: “Cada familia herida debe ser primero escuchada con respeto y amor haciéndose de ellas compañeros de camino como Cristo con los discípulos de Emmaus (…) Debe ser respetado sobretodo el sufrimiento de aquellos que han sufrido injustamente la separación y el divorcio (…). También las situaciones de los divorciados y vueltos a casar requieren un discernimiento atento y un acompañamiento lleno de respeto, evitando cualquier lenguaje o actitud que les haga sentirse discriminados. Hacerse cargo de ellos no supone para la comunidad cristiana un debilitamiento de la fe y del testimonio de la indisolubilidad matrimonial, sino que expresa su caridad con este cuidado”.
Habrá que leer con detenimiento el documento final del Sínodo que concluirá el 19/10, pero también es evidente una actitud abierta hacia las parejas de hecho: es cada vez mayor el número de jóvenes que no se casan, al menos por Iglesia. 
Según el documento presentado por el cardenal Erdö, la Iglesia comprende que “no es sabio pensar en soluciones únicas o inspiradas en la lógica del todo o nada”.
Aprovechar los «elementos positivos» presentes incluso en las «formas imperfectas» de familia. Volver a descubrir, en la encíclica “Humanae Vitae” de Pablo VI la «necesidad de respetar la dignidad de la persona en la evaluación moral de los métodos de regulación de la natalidad». Son algunos de los puntos afrontados en la “Relatio post disceptationem”, la relación intermedia pronunciada esta mañana (N. de la R.: lunes 13/10) por el cardenal relator Peter Erdö durante la apertura de la segunda semana del Sínodo extraordinario sobre la familia (5-19 de octubre), en la que los “circuli minores” trabajarán para enmendar el texto en vista de una “relatio synodi”, que será sometida a votación entre los padres sinodales el próximo 18 de octubre. 
En cuanto a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, el arzobispo de Budapest subrayó que existe un debate abierto entre los que niegan y los que admiten el acceso a la comunión, que, de cualquier manera, sería concedida tras un camino penitencial. Lenguaje abierto, además, en relación con los homosexuales, que tienen «dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana» y que dan un «valioso soporte para la vida de las parejas».
En la primera parte de la “relatio”, el presidente de la Conferencia Episcopal de Hungría indicó una serie de cuestiones relacionadas con la familia tanto desde el interior como desde el exterior: el individualismo, la soledad, la inmadurez afectiva, la poligamia, los matrimonios mixtos, las madres solteras, el aumento de los divorcios, la violencia doméstica contra las mujeres, la fragilidad de los niños, las migraciones, las guerras.
En la segunda parte, Erdö recordó que «Jesús mismo, refiriéndose al plan original sobre la pareja humana, reafirma la unión indisoluble entre el hombre y la mujer», y también estableció un paralelismo (sugerido por el arzobisp de Viena Christoph Schönborn) entre el documento del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa “Lumen Gentium”, que reconoce que también fuera de la Iglesia católica existen «diversos elementos de santificación y de verdad» y la posibilidad de «reconocer elementos positivos también en las formas imperfectas que se encuentran fuera de tal realidad nupcial, a ella de todos modos ordenada»
El cardenal subrayó que la Iglesia «la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y perdido, dándoles confianza y esperanza, como la luz del faro de un puerto o una antorcha llevada en medio de la gente para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad».
La tercera parte del documento afronta las «instancias pastorales más urgentes» que el diálogo sinodal encomienda a «las Iglesias locales particulares, en comunión cum Petro et sub Petro». Una «nueva sensibilidad» de la pastoral actual, dijo Erdö, «consiste en captar la realidad de los matrimonios civiles y, hechas las debidas diferencias, también de las convivencias». 
El arzobispo de Budapest subrayó, por ejemplo, que en algunos países «las uniones “de hecho” son muy numerosas, no por motivo del rechazo de los valores cristianos sobre la familia y el matrimonio; sino sobre todo por el hecho de que casarse es un lujo, de modo que la miseria material empuja a vivir en uniones “de hecho”».
Al afrontar el argumento del cuidado que merece la familia herida (los separados, los divorciados y los divorciados que han contraído segundas nupcias), Erdö se afirmó que «en el Sínodo ha resonado la clara necesidad de opciones pastorales valientes. Reconfirmando con fuerza la fidelidad al Evangelio de la familia, los Padres sinodales, han advertido la urgencia de nuevos caminos pastorales, que partan de la efectiva realidad de las fragilidades familiares, reconociendo que estas, la mayoría de las veces, han sido “sufridas” más que elegidas en plena libertad». 
El purpurado húngaro recordó que han sido muchos los padres sinodales que han pedido una agilización en los procedimientos para las causas de nulidad matrimonial. 
En cuanto a la posibilidad de «acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. 
Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes. Sugerir de limitarse a la sola “comunión espiritual” para no pocos Padres sinodales plantea algunas preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental?».
Las personas homosexuales, continuó Erdö, «tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades?». Además, «sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños».
En cuanto a la «transmisión de la vida» y al desafío de la disminución de los nacimientos, el relator del Sínodo afirmó que hay que volver a descubrir «el mensaje de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, que subraya la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la evaluación moral de los métodos de regulación de la natalidad».
La discusión proseguirá, como sea, en el Sínodo ordinario que se llevará a cabo del 4 al 25 de octubre de 2015, dijo el Secretario del Sínodo, Lorenzo Baldisseri al inaugurar la sesión, y se titulará (con un ámbito m amplio con respecto al título previsto): «La vocación y la misión de la familia en la Iglesia en el mundo contemporáneo».
Fuente: Urgente24

Olavarría Noticias

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